El Sakyong hizo un llamamiento sobre el cambio climático, como apoyo al día de la Tierra (22 de abril 2009) y al trabajo del grupo de trabajo “Tocar la tierra”, del consejo del Sakyong.
Llamamiento para contemplar y actuar sobre el cambio climático
Nuestro planeta precioso y los seres innumerables que lo habitan se enfrentan a una crisis sin procedentes. La amenaza creciente al medio ambiente y al clima en el mundo es el resultado de una situación profundamente difícil que afecta a toda la humanidad. Cada vez perdemos con más rapidez la conexión que tenemos con la naturaleza sagrada del mundo. Esta tragedia nos afecta de muchas maneras pero, en el fondo, se trata de una crisis del espíritu. Estamos dañando el planeta y a nuestros congéneres porque estamos perdiendo contacto con la bondad fundamental de nuestro propio ser sagrado.
Esta desconexión de la bondad fundamental primordial aumenta por la capacidad tecnológica e industrial sin precedentes, el crecimiento dramático de la población y las grandes desigualdades de las que somos testigos en todo el mundo.
Aunque la situación es desastrosa, aún es posible cambiar el rumbo. La tierra nos está pidiendo protección y que regresemos a la cordura básica. Tenemos que hacer caso a este llamamiento a base de aplicar un enfoque que nos devuelva al respeto profundo por el medio ambiente y que conserve los recursos amenazados.
Podemos aprovechar tanto los métodos tradicionales como los avances tecnológicos innovadores, basados en vivir en armonía con la inteligencia fundamental de la naturaleza. Pero esta crisis global no se puede transformar en una forma nueva de vida si nos apoyamos en las mismas actitudes y hábitos que nos han llevado al borde de este abismo terrorífico. Hacerlo así, por muy buena intención que pongamos, sólo reforzará la degradación y desigualdad que ya está ampliamente diseminada.
Este urgencia pide una transformación completa de nuestra forma de vida: una transformación de las actitudes subyacentes, del enfoque sobre la sociedad humana y de la relación que tenemos con el planeta tierra y todos sus habitantes. Mi padre, Chögyam Trungpa Rinpoche, el gran maestro tibetano de meditación y fundador de Shambhala, previó esta coyuntura crítica en la historia humana. Sus palabras no pueden resultar más verdaderas: "Cuando los seres humanos pierden su conexión con la naturaleza, con el cielo y la tierra, entonces no saben cómo nutrir el medio ambiente que les rodea ni cómo gobernar su mundo... sanar la sociedad va de la mano con sanar la conexión personal y elemental que tenemos con el mundo fenoménico".
En la tradición Shambhala se dice que, justo en tiempos oscuros como éstos, se siente la sabiduría inherente del universo. Éste es el momento de inspirarse en las tradiciones de la sabiduría humana. Todas nos recuerdan la unidad sagrada de la vida, la interdependencia de todos los seres, y las leyes inexorables de causa y efecto. Estas enseñanzas no pueden resultar más relevantes para el mandato colectivo: crear sociedades iluminadas y sostenibles.
Me satisface que, en el mundo budista, crezca la reflexión profunda sobre cómo puede brillar la sabiduría de esta tradición concreta sobre este objetivo común. Éste es el momento de utilizar el poder del que dispongamos, a través de las disciplinas, culturas y sociedades varias a las que pertenecemos, para cultivar la dignidad, la confianza y la intrepidez necesaria para proteger la tierra. Al hacerlo podemos ayudar a reconectar toda la humanidad con su bondad fundamental primordial, transformar la relación que tenemos con el mundo sagrado y sentirnos inspirados para elegir con cordura, dirigir con compasión y actuar con sabiduría.